
Pues ya lo ven, la pelirroja Merchi ha sido objeto de un ultraje ignominioso.
Para quien no lo recuerde, hace unos meses me refería a la enigmática pintada que adornaba una pared de Orillamar. Pues bien, aquella peculiar lección de gramática castellana, tras no pocos años de exposición permanente, ha sido borrada de su lienzo (disculpen que, como lamentable fotógrafo, no haya sido capaz de sobreponerme a la luz invernal). Lo curioso del asunto es que los blanqueadores de paredes han operado únicamente sobre el chaflán en el que reposaba la frase, respetando las (aburridas) pintadas de los laterales. ¿Saña, envidia, operación cuidadosamente orquestada? Quién lo sabe.
Pero ya les advierto que este asunto dará más de sí.
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