miércoles, marzo 25, 2009

Los cinco en la isla de Kirrin



Éramos cinco hermanos que veraneábamos en Covas. La primera yegua que entró en nuestra casa fue Rubia, cuando yo tenía 12 años. Pero Gavilán fue el primer caballo de nuestra propiedad, un pura sangre inglés y árabe, color alazán. Después llegó Misterio, tordo de sangre andaluz. Todos nos convertimos en jinetes. Y cuando almorzábamos, Gavilán asomaba la cabeza por la ventana y le dábamos zanahorias. Era un pura sangre dócil. Incluso yo cogía la guitarra y le cantaba canciones. Le cantaba boleros o canciones románticas. Su favorita era El sapo cancionero: le entusiasmaba, se apoyaba en mi hombro y se quedaba dormido. Con nuestros amigos, montábamos por las playas de Covas y nos llevábamos la merienda.

(...)

Me dediqué a la canción. Grabé un disco llamado Despierta y lo presenté en el estadio Vicente Calderón. También actué en el Palau Sant Jordi junto a otros artistas. Ya tenía una carrera como profesora de piano y guitarra, y mi padre en Ferrol fue cantante de Los Zafiros. Pasé tres años metida en el mundo de la música. Pero mis hijas ya tenían 4 y 5 años. Y cuando Polygram me ofreció seguir con mi carrera por toda Europa, decidí dedicarme a mis niñas, Blanca y Ana. Pero toco la guitarra desde los 3 años, el acordeón desde los 8 y el piano desde los 11.

Sigan practicando su sonrisa cadavérica aquí.

4 comentarios:

Crimson dijo...

Grande, Moléculas. Sin palabras nos hemos quedado yo y Lady Pita.

El Hombre Molècula dijo...

Está claro que en este caso yo no tengo ningún mérito.

Hematocrítico dijo...

Menuda self made womanaza. Me quedo pasmao. ¿La conocen personally?

El Hombre Molècula dijo...

Yo no, pero me encantaría conocerla: ir a merendar, que me cantara una Habanera, poner viejos singles de Los Zafiros, esas cosas...