miércoles, noviembre 11, 2009

Ain’t sing for Miller, don’t sing for Bud

Tom Waits insiste en que no quiere que su música se utilice en publicidad. Puede parecer un debate demodé pero a finales de los 80 con Pepsi y Coca Cola fichando artistas a troche y moche era un tema candente. Los argumentos de Waits no van mucho más allá de los que explícita e implícitamente expone Neil Young en este vídeo, es decir, un concepto de integridad como otro cualquiera.

¿Y quién querría, pensarán ustedes, ponerle música de Tom Waits a un anuncio? Pues parece ser que Doritos quiso y contrató a un tipo para que lo imitara cantando una canción que al parecer era un remedo de Step right up. Waits los llevó a juicio, donde fue clave el testimonio del cantante imitador que, al parecer, se sentía como un Judas que acababa de traicionar a Jesucristo. Así que cantó (en el juicio) y Waits ganó. Me lo gasté todo en golosinas. ¡Qué chispa!

Pero a lo que vamos, ¿no recuerdan este anuncio?



Canta Screaming Jay Hawkins, pero la canción es Heartattack and vine de Waits. ¡Si hasta es el título de un disco suyo!



Así que, ¿por qué no te atreviste con Levi’s, Tom? Cualquiera puede chulear a Doritos, pero ¿por qué no te metes con alguien de tu tamaño? ¿O es que eres un vendido que ha pagado la entrada del rancho con dinero sucio de publicidad? ¿No viste el anuncio? ¿Y nadie te lo dijo?

martes, noviembre 10, 2009

Cómo odiar a Tom Waits



El título de la edición en castellano apenas deja espacio para la imaginación: Tom Waits. Conversaciones, entrevistas, opiniones. Sin duda mejora el original, rutinario y mucho menos carismático: Innocent when you dream: The Tom Waits reader. Culpemos al editor, el traductor bastante tiene con lo suyo: mantener las estructuras anglosajonas intactas y perfectamente reconocibles bajo un ligero barniz castellano (la verde chaqueta y cosas así).

La conclusión es que el periodismo musical tiene que ser una cosa muy complicada. Todos los artículos y la mayoría de las entrevistas que he leído hasta el momento consiguen, de una manera u otra, dar grima. Supongo que el periodista se autoimpone el imposible de estar a la altura épica de una estrella del rock. Pero veamos lo positivo, gracias a este libro sé lo que es un sombrero pork-pie y cómo llevaba la perilla Dizzie Gillespie, a qué olía Tom en sus inicios, qué leía (Kerouac y Bukowsky, ¡al refugio!), cuál era su catálogo de gestos más frecuentes y qué tenía en su armario. También tengo una idea bastante aproximada (se supone) de sus antecedentes penales. Ladrillazos para edificar un mito.

Reconozco que me precipité con el Bigmouth strikes… anterior: cada declaración de TW es un asalto al ingenio. Cuando le preguntan por qué ha pasado equis años sin grabar un disco dice que ha tenido que matricularse en la autoescuela por culpa de las multas de aparcamiento; luego dice que ha estado probando zapatos para que los lleve otra gente. Me parto. Cuando le preguntan si viene de una familia musical contesta que Lizza Minelli no es su hermanastra y que sólo han salido un par de veces. En una conversación con Jim Jarmusch (¡venga, arrodillémonos todos!) habla de un batería que tenía la manía de menear un revólver cargado en el escenario. Las entrevistas con Tom son una montaña rusa, la emoción no cesa. O como diría él mismo, son como bailar con una señora gorda, nunca sabes lo que va a pasar.

Para llegar a odiar a Tom Waits (el personaje, la persona), para eso me está valiendo el libro. Y voy por la mitad.

viernes, noviembre 06, 2009

Bigmouth strikes again: Tom Waits



Si John Lennon hubiera sabido que un día Michael Jackson decidiría el futuro de su obra , si pudiera volvería de la tumba y le patearía el culo, se lo patearía bien pateado, de un modo que nos gustaría a todos.

Tom Waits entrevistado por Musician en 1987.

Imagen: This is it!

sábado, octubre 31, 2009

Positivamente: octubre 09



Italo Schiaffino (Buenos Aires, 1948 – Buenos Aires, 1982)

De familia humilde, en su vida sólo hubo dos pasiones: el fútbol y la literatura. A los quince años, cuando ya hacía dos que había abandonado la escuela por un trabajo de recadero en la ferretería de don Ercole Massantonio, se hizo miembro de la barra brava de Enzo Raúl Castiglioni, una de las tantas que agrupaban por entonces a los seguidores de Boca Juniors. No tardó en progresar. En 1968, cuando Castiglioni ingresó en prisión, tomó la jefatura del grupo y compuso su primer poema (al menos el primer poema del que queda recuerdo) y su prmer manifiesto. El poema se titulaba Palidezcan los lebreles y algunos pasajes fueron aprendidos de memoria por sus compañeros. Básicamente se trataba de un poema de combate; en palabras de Schiaffino “una especie de Ilíada para la muchachada de Boca”.

La literatura nazi en América de Roberto Bolaño

viernes, octubre 30, 2009

Paleontología de Prado

Miguelanxo Prado estrena web. Se echa en falta la versión en galego y hay alguna falta de ortografía imperdonable (arremánguense quienes lean el texto que acompaña a Une lettre trouvée à Lisbonne), pero en conjunto se puede decir que está a la altura del artista. Lo que más me ha gustado es la sección Paleontología, en la que se pueden ver algunos trabajos de juventud y de los que se deduce quiénes eran los artistas que Miguelanxo admiraba en sus comienzos.

Por ejemplo, Esteban Maroto:



Por ejemplo, Moebius:



En el resto de apartados encontrarán al Miguelanxo que todos conocemos.

lunes, octubre 26, 2009

Me imagino la cara del confitero


jueves, octubre 15, 2009

Distopismo ilustrado: Kristian Hammerstad



Título desconocido.