
sábado, febrero 28, 2009
jueves, febrero 19, 2009
Prejuicios sobre Watchmen – The Movie (2)
Una de mis escenas preferidas de Watchmen es aquella en la que el Búho Nocturno y Espectro de Seda se enfundan sus pijamas superheroicos tras años de retiro forzoso y salen de patrulla por la ciudad en la nave del primero, quebrantando la norma que prohíbe la vigilancia enmascarada.

Su comportamiento cuando ven un edificio en llamas se encuentra, en contra de lo que podría parecer, sutilmente alejado de los estándares superheroicos. No hay aproximación física ni implicación emocional: el Búho detiene su nave junto al edificio, extiende una pasarela e invita a los vecinos a subir, es decir, procede fría y asépticamente. Por su parte, Espectro de Seda es cualquier cosa menos amable con unos rescatados que dan mayores muestras de desconcierto que de gratitud. Más que dos superhéroes en acción parecen un piloto y su azafata intentando ser profesionales con sus pasajeros mientras los trasladan a un lugar seguro.

La felicidad del Búho durante el rescate revela el carácter egocéntrico de sus motivaciones. No es ayudar a la gente sino sentirse un héroe lo que le reconforta. Para Laurie/Espectro la actividad superheroica siempre ha sido la excusa para buscar la figura paterna que le permitiría emanciparse de su madre. De ahí que lo que le preocupe no sean los pasajeros rescatados, sino que el Búho se sienta bien (“¿Qué tal ahí arriba? No te caigas”, ¿se puede imaginar una frase menos superheroica?) y, sobre todo, que recupere la potencia sexual de la que carece en su identidad civil. La motivación puramente egoísta de ambos queda rubricada con el revolcón final. En el fondo, era eso lo que buscaban.

Ante la épica que preside el trailer de la película parece legítimo preguntarse si veremos algo de todo esto en pantalla o si la relación entre el Búho y Espectro se verá reconducida a una simple historia de amor entre superhéroes.
Actualización: Yo no digo nada, juzguen ustedes mismos.
martes, febrero 17, 2009
Prejuicios sobre Watchmen – The Movie (1)

Creo que nunca vemos directamente la realidad. Lo que hacemos es escribir nuestras vidas. Estamos componiendo las percepciones que recibimos, estamos tomándolas e hilándolas en una historia. Así que editamos esa historia (la nuestra) todo el tiempo. La realidad es una experiencia tremendamente ficcional (sic). No creo que tengamos opción de elegir si vivimos o no en una ficción, la opción es en la ficción de quién queremos vivir.
Puede sonar un poco new age, pero esta idea que Moore verbaliza en la entrevista de Público ha dado mucho juego en su obra. Sobre ella se edifica Promethea, está muy presente en From Hell y, como apunta a continuación la entrevistadora, también en V de Vendetta, en la que un Estado totalitario se sostiene sobre la imposición de una ficción a los ciudadanos.
En Watchmen la idea mencionada se encarna en un calamar. En efecto, en un calamar interestelar que ha sido diseñado por artistas y mediante el cual se pretende cambiar el curso de la historia. Con ello se demuestra que no sólo los científicos pueden manipular la realidad, sino que también los fabuladores, con sus ficciones, pueden hacerlo.
Sin embargo, todo indica que no veremos al calamar en la película. Demasiado grotesco, demasiado serie B, demasiado poco cool. Tan poco confía Hollywood en sus productos, en sus espectadores o en ambos, que elimina todo aquello que contradice el lenguaje de la perfección formal y se atiene a la impoluta caligrafía del todo mascado.
domingo, febrero 15, 2009
viernes, febrero 06, 2009
Australia

Por bajar un poco el punto, nomás.
martes, febrero 03, 2009
Corre, Updike

Se supone que debo decir algo inteligente sobre el recientemente fallecido John Updike, lo cual es bastante difícil ya que Updike es (era) de esos escritores que uno calificaría de buen grado como “inteligente”. Es más, estos días gente más inteligente que yo (y tan considerada en esta bitácora como Joyce Carol Oates, Paul Theroux, Jonathan Lethem, Julian Barnes, ¡puf!) está diciendo de él cosas bastante más inteligentes que las que yo podría decir jamás, así que es probable que lo más inteligente por mi parte sea anotarme el tanto, decir que yo también he leído a Updike y que eso me convierte en una persona inteligente, aunque menos que él mismo y que toda esa gente que ahora escribe sobre él y que también lo ha leído.
Para colmo, es probable que haya leído a Updike demasiado pronto y eso, que a Updike no le hace ningún mal, me perjudica a mí como lector suyo, que puedo sacar pecho con que lo he leído sin estar seguro de hasta qué punto me he enterado de la patata. Este pecadillo de juventud lectora se remedia releyendo, deporte que quizá debería practicar más a menudo. Lo que sí puedo decir es que la inteligencia de Updike le resulta evidente incluso (o especialmente) al lector que comparece más sobrado de arrogancia que de experiencia. Y añado que mi visión del mundo puede deberle algo a Harry “Conejo” Armstrong, pero sin duda le debe mucho al entrañable Roger Mofeta de Should wizard hit mommy?. Lo cual, supongo, sólo puede interpretarse como una demostración de inteligencia por mi parte.
