
Como argumento está ya más que trillado: los buenos estamos en peligro y el único que puede ayudarnos es el malo. Nos pondremos en sus manos y saldremos del apuro... pero le deberemos un favor. ¡Y nos lo cobrará! George Bailey necesitaba al pérfido señor Potter (nada que ver con Harry, supongo) en ¡Qué bello es vivir!; Clarice necesitaba a Hannibal el Caníbal en El silencio de los corderos. Incluso La Patrulla X necesitaba al Doctor Muerte en aquel mítico crossover con Los 4 Fantásticos.
Ahora, la historia se repite. La humanidad está en peligro y sólo él, el supervillano más ceñudo, puede ayudarnos. ¿Qué hacer, Dios mío, qué hacer?



