viernes, septiembre 25, 2009

Telegrama a Daniel Clowes



Señor Daniel Clowes, gracias por su generosa, aunque involuntaria, contribución la mejora estética de este blog. Efectivamente, he usurpado una imagen suya y soy consciente de que ello es poco ético si no algo peor, pero lo he hecho sin ánimo de lucro y en señal de franca admiración hacia su obra. Créame que he intentado ponerme en contacto con usted. Si un improbable paseo por la red le trajera a esta bitácora, no deje de hacerme saber su opinión al respecto. De desagradarle a usted, estoy seguro de que podríamos alcanzar un arreglo civilizado. Sin otro particular, reciba un afectuoso saludo.

viernes, septiembre 18, 2009

Un post aséptico sobre Magnum

Intentaré decirlo lo más asépticamente posible: Mágnum es la mejor serie de televisión de todos los tiempos. Por ritmo, tono, personajes y elenco de actores marca un hito en la historia del medio que quizá sea igualado algún día pero que difícilmente será superado: brillante la introducción de la figura fantasmagórica de Robin Masters como justificación de la premisa de la serie (de qué vive Magnum, por qué conduce un Ferrari y cómo es que –ejem, ejem- convive con Higgins) y punto de enganche de la trama de un buen puñado de capítulos; perfecto el equilibrio de la serie entre los argumentos aburguesado-detectivescos y los retruécanos humorísticos; correctísimo el tono autoconsciente y desmitificador: nada en Magnum se toma a sí mismo demasiado en serio, ¡cuántas series deberían tomar ejemplo!

¿Y los actores? Tom Selleck está simplemente perfecto. Probablemente ustedes pertenezcan a esa generación a la que enseñaron a burlarse de Tom Selleck y de sus pantalones, a menudo demasiado cortos y siempre demasiado altos. Sí, hablamos del tipo que rechazó ser Indiana Jones, ¡qué risa! Pero ¿se imaginan a Harrison Ford haciendo de Magnum? Borren esa imagen de su mente. Magnum es Tom Selleck y es absurdo preguntarse dónde termina uno y empieza el otro.

Y qué decir de ese absoluto titán de la interpretación que es John Hillerman. ¿Conocen algún otro actor capaz de interpretar a un inglés tan convincentemente siendo él tejano? Pero si hasta en las versión doblada al galego puede uno sentir su perfecto acento posh. Y hablando del doblaje, a galega redifunde Magnum con un nuevo doblaje, pero manteniendo a los actores que doblaron hace años al propio Magnum y a Higgins: también sobre esas voces se ha edificado la mitología de la serie.

Dicen que vivimos en la edad dorada de las series de televisión. No es que yo tenga mucho bagaje, pero he visto mis capítulos de Lost, House, Heroes, Galactica, How I met your mother, 24, The wire, Six feet under, etcétera. ¿Y saben qué les digo? Magnum, amigos. Magnum.

martes, septiembre 15, 2009

Distopismo ilustrado: Carene Souhy


lunes, septiembre 14, 2009

We call upon the author




Seguro que cualquiera que haya sobrevivido a Y el asno vio al ángel, entre los que vergozantemente me incluyo, se prendería fuego en las pestañas antes de acercarse a la nueva novela de Nick Cave, La muerte de Bunny Munro. Pero uno puede equivocarse como novelista y acertar sobre Bukowsky: Le considero un poeta de mierda. Cada vez que voy de gira, los chicos [del público] se acercan después del concierto y me regalan libros de Bukowski. Vuelvo a casa con una maleta llena. Soy partidario de la separación del poeta y su obra. En cambio, él llena las páginas de sus cosas. Encuentro irritante la manera en la que quiere convertir su pobre existencia en algo heroico. Y es horripilantemente sentimental. Al fin y al cabo, ¿qué mejor regalo de unos fans para su ídolo que literatura sentimental?

jueves, septiembre 10, 2009

Los intelectuales que no amaban a los Milleniums

Miro y remiro el artículo sobre la trilogía Millenium que Mario Vargas Llosa publicó el domingo pasado en El País y no me queda claro si lo que el peruano pretendía era elogiar las invasoras novelas de Stieg Larsson o más bien lo contrario.

El artículo empieza con Vargas Llosa enroscándose la mitra bien adentro: Comencé a leer novelas a los 10 años y ahora tengo 73. En todo ese tiempo debo haber leído centenares, acaso millares de novelas, releído un buen número de ellas y algunas, además, las he estudiado y enseñado. Sin jactancia puedo decir que toda esta experiencia me ha hecho capaz de saber cuándo una novela es buena, mala o pésima y, también, que ella ha envenenado a menudo mi placer de lector al hacerme descubrir (…) todo aquello que el lector inocente (…) no percibe, lo que le permite disfrutar más y mejor que el lector-crítico de la ilusión narrativa. O sea, espalládevos que vou centrar. Habiéndose situado en posesión de la verdad en lo que a calidad literaria se refiere y lamentándose de que ser un fuera de serie le aleje del goce rústico que proporciona la ignorancia, el escritor peruano intenta hacer pasar por elogioso un artículo que incluye frases como ésta: La novela no está bien escrita (…) y su estructura es con frecuencia defectuosa. ¿Dónde reside, entonces, el valor de la obra? Pues al parecer en la fuerza ciclónica de la historia, en los percances, las intrigas, las maldades y grandezas que a cada paso dan cuenta de una vida intensa, chisporroteante de aventuras y sorpresas. Es decir, que Larsson era un mal escritor al que se le ocurrían buenas historias. Pues disculpe, pero si lo importante es la peripecia y ante más de 2000 páginas mal escritas y con fallos de estructura, yo casi espero por las películas, que en dos horas se despachan.

Pero oiga, ¡menudas historias se le ocurrían a Larsson!: la trilogía se encuadra de manera rectilínea en la más antigua tradición literaria occidental, (…) la del Amadís, el Tirante y el Quijote. Jesúsvirgenmaría, Vargas Llosa no se anda con chiquitas a la hora de enmendar sus reticencias iniciales. ¿Y qué tradición es esa que vincula a Cervantes con Stieg Larsson? La de aquellos personajes civiles que, en vista del fracaso de las instituciones para frenar los abusos y maldades de la sociedad, se echan sobre los hombros la responsabilidad de deshacer los entuertos y castigar a los malvados. Tradición de la que, supongo, podríamos hacer también partícipes a Batman y las pelis de Charles Bronson.

Y no sólo eso, hay otro aspecto brillante en la trilogía: haber invertido los términos acostumbrados y haber hecho del personaje femenino el ser más activo, valeroso, audaz e inteligente de la historia y de Mikael, el periodista fornicario, un magnífico segundón. Algo que, en los tiempos de la corrección política, el peruano no duda en calificar de éxito y sobre todo novedad.

La impresión que a uno le queda tras leer este artículo es que, consciente o inconscientemente, Vargas Llosa necesita, para alabar las novelas de Larsson, situarse antes en una posición de superioridad. Su falso entusiasmo sólo revela condescendencia. Dicho de otro modo, más que expresarse con sinceridad, Vargas Llosa se comporta como un intelectual encopetado que juega a ser marchoso. Miles de lectores no han necesitado su visto bueno para leerse las novelas de Larsson y a mí personalmente me hubiera interesado bastante más que, en vez de improvisar unos elogios inconsistentes, hubiese explicado con más detenimiento por qué las novelas en cuestión están mal escritas y cuáles son esos famosos defectos de estructura.

Ilustración: Lisbeth Salander por Fernando Vicente

martes, septiembre 08, 2009

El último comensal



Lo primero que me llama la atención de El último superviviente es el título. Vale que las cadenas traducen como les da la gana, pero en este caso, considerando que el original es Ultimate survival, da la impresión de que se han fiado del oído (corríjanme las expertas) y le han puesto nombre de peli de ciencia ficción post-apocalíptica a lo que no deja de ser un pseudodocumental de supervivencia con algo de tremendismo y mucho humor. O sea, que a lo mejor han acertado.

Para quien no lo sepa, el leit motiv de la serie es depositar al bigardo de la foto (y a un cámara, se supone) en algún escenario inhóspito sin apenas medios para sobrevivir. La idea es presentar un catálogo de soluciones de bombero a la McGyver con un barniz realista hasta que se llega al momento cumbre, que es aquel en el que nuestro hombre, acuciado por el hambre, se ve obligado a ingerir cosas tan asquerosas como, al parecer, ricas en nutrientes: escarabajos, mambas, arañas, excrementos, vísceras de algún mamífero, topos y/o larvas, que no falten las larvas.

Me llama la atención que los internautas, siempre ociosos, critiquen la serie por fantasma y sensacionalista, lo cual, considerando que fantasmada y sensacionalismo son precisamente su razón de ser, es como criticar a Los Simpson (sin s final, por favor) por ser amarillos. Si hay una manera de disfrutar la serie, al menos durante un par de programas, es no tomándosela en serio. De hecho, uno de sus toques maestros es que está narrada en segunda persona: “si algún día estás en la tundra siberiana y encuentras excrementos de buey, guárdalos, son un excelente astringente y pueden serte de mucha utilidad”. De Óscar, los guionistas.

lunes, septiembre 07, 2009

I'm back and I'm proud



Pues visto que Anna ha inaugurado ya la nueva temporada y con el Hematocrítico metiéndome presión, supongo que no puedo dejar que mi presencia en la blogosfera siga bajando enteros, así que aquí me tienen de nuevo. Lo que se estila en estos casos es hacer un jactancioso resumen de la actividad estival, pero casi me voy a callar. Aparte de ver hecho realidad el sueño de no pisar la playa ni un solo día y de dedicarme al entrenamiento de mi pequeño sidekick sólo he hecho una cosa digna de mención: ver la tele (esa gran desconocida). Toda una experiencia. Ya les contaré.